Yemen: Los hutíes ponen bajo presión una de las principales rutas marítimas

El Cairo/El rápido avance de los rebeldes hutíes del Yemen por la costa del mar Rojo y su llegada a posiciones próximas al estrecho de Bab al Mandeb está modificando el equilibrio del conflicto y amenaza con trasladar sus consecuencias al tráfico marítimo y al comercio internacional.
Los avances hutíes (un grupo mayoritariamente chií respaldado por Irán) se producen en medio de la escalada más grave de los combates de los rebeldes contra las fuerzas gubernamentales, apoyadas por Arabia Saudí, desde la tregua mediada por la ONU en 2022, y aumentan el riesgo de una guerra generalizada y de una mayor implicación de Riad.
Los rebeldes han encadenado conquistas en la costa occidental del Yemen después de completar este jueves el control de toda la provincia de Al Hudeida y tomar el distrito de Hays y la zona costera de Al Jauja, además de la estratégica ciudad portuaria de Moca y las islas de Zuqar, Hanish Mayor y Hanish Menor.
Hoy viernes extendieron su ofensiva hasta el distrito de Dhubab, próximo a Bab al Mandeb, mientras avanzaban hacia la isla de Mayun.
Se trata de una vía navegable internacional vital y de uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más importantes del mundo
Bab al Mandeb es un estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, y por extensión con el océano Índico. Por tanto, se trata de una vía navegable internacional vital y de uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más importantes del mundo.
Forma parte de una ruta comercial clave entre Europa y Asia, por lo que cualquier amenaza puede repercutir en el tráfico del mar Rojo, el canal de Suez y el comercio internacional.
La presencia hutí convierte el control de esta franja en una cuestión estratégica vital para Arabia Saudí y la región, especialmente cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán ha aumentado la importancia de las rutas alternativas al estrecho de Ormuz.
Aunque los insurgentes afirman que la navegación por el mar Rojo y Bab al Mandeb es «segura» para todas las compañías navieras, con excepción de los buques saudíes, la experiencia de los últimos años demuestra que los hutíes no necesitan cerrar el estrecho ni interrumpir completamente el tráfico para provocar un impacto internacional.
El investigador del Sana Center for Strategic Studies Majed al Madhaji sostuvo en un informe este jueves que «los hutíes no necesitan cerrar completamente Bab al Mandeb».
«Basta con que se conviertan en la parte cuya autorización debe solicitarse, o cuya amenaza deba tenerse en cuenta, cada vez que un buque atraviesa la zona», apuntó, además de señalar que los rebeldes están «creando un nuevo modelo por el que deciden» quién pasa y quién no.
«Los hutíes no necesitan cerrar completamente Bab al Mandeb. Basta con que se conviertan en la parte cuya autorización debe solicitarse, o cuya amenaza deba tenerse en cuenta, cada vez que un buque atraviesa la zona»
De hecho, los ataques contra buques en el mar Rojo derivados del conflicto de Israel en los territorios palestinos llevaron a numerosas compañías a evitar la ruta y a optar por rodear África, y un nuevo deterioro de la seguridad podría reproducir esa dinámica, encareciendo seguros y combustible y alargando las cadenas de suministro.
Además, esta situación coincide con la crisis en el estrecho de Ormuz, un paso por el que transitaba aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y gas y que sigue siendo un punto de fricción.
Si se restringiera el paso suministros a través de otro estrecho clave, eso podría elevar aún más los precios del petróleo, que ya superan más de 100 dólares el barril de Brent, durante la semana por el intercambio de ataques entre EE UU e Irán.
Irán es el principal aliado de los hutíes, aunque Teherán insiste en que el grupo yemení opera de manera independiente y no recibe órdenes suyas.
El Gobierno yemení, por su parte, acusa a Irán de respaldar a los rebeldes con apoyo político, militar, financiero y tecnológico.
El avance hacia Bab al Mandeb tiene así también una dimensión regional porque un eventual control hutí de la navegación en el estrecho podría reforzar la posición de Irán en su enfrentamiento con EE UU y permitirle ejercer presión sobre otro punto estratégico, después de la creciente tensión en Ormuz.
La cuestión decisiva será si Arabia Saudí opta por aumentar su implicación para frenar el avance o mantiene la cautela para evitar una nueva escalada
Algunos analistas consideran que Teherán y los hutíes llevan tiempo preparando esta posibilidad mediante el fortalecimiento de las capacidades militares del grupo y el despliegue de armamento a lo largo de la costa del mar Rojo.
Para Arabia Saudí, el avance hutí plantea un dilema especialmente complejo. Riad mantiene su respaldo al Gobierno yemení y a las fuerzas que combaten a los rebeldes, pero una nueva intervención militar a gran escala supondría reabrir un frente que el reino había tratado de contener durante los últimos años.
El país del golfo Pérsico se encuentra especialmente expuesto porque, tras el cierre casi total de Ormuz, ha aumentado su dependencia de la ruta del mar Rojo para sus exportaciones.
La cuestión decisiva será si Arabia Saudí opta por aumentar su implicación para frenar el avance o mantiene la cautela para evitar una nueva escalada.
De esa decisión dependerá en buena medida si el avance hutí se convierte en una nueva fase de la guerra del Yemen o en el comienzo de una crisis con repercusiones regionales mucho mayores.
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