Cuba: El régimen manipula datos de mortalidad infantil para culpar a EE UU

Madrid/A Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba (PCC), se le ocurrió escribir un post, la pasada semana, para denunciar los efectos de las nuevas sanciones de Estados Unidos sobre el régimen, tergiversando uno de los datos más sensibles para la población: el de la mortalidad infantil. El breve texto, que hubiera pasado más inadvertido de quedarse en sus redes sociales, es desde ayer portada en el diario Tribuna de La Habana, un contenido que pone de manifiesto la incapacidad de la prensa oficial para responder a una información falsa. Más allá de eso: la hace suya y eleva a categoría de noticia.
Morales Ojeda tenía fácil hablar de las repercusiones de las políticas de EE UU sin faltar a la verdad. La escasez de combustible para los traslados de pacientes y enfermos y la de electricidad para sostener equipos esenciales en los hospitales son ejemplos de un empeoramiento de las condiciones ya difíciles en las que trabaja el sistema de salud desde hace décadas, y que derivan del bloqueo petrolero. Pero el funcionario ha elegido la mentira rampante.
“En el último año, la mortalidad infantil en Cuba ha aumentado un 148%, pasando de 4 a 9,9 por cada mil nacidos vivos”, dice Morales Ojeda en el escrito. Es el dato que las autoridades ofrecieron en enero de este año y que corresponde a 2025. Aunque es probable que este 2026 la cifra pueda empeorar, por el momento se desconoce. Pero este no es el mayor de los problemas de su exposición. Las cifras oficiales son públicas y no pueden ser modificadas a posteriori. En 2024, la mortalidad infantil distaba ya mucho del 4 por cada mil, un número para el que hay que echar la vista muy atrás, a los mejores años de la historia reciente de la Isla.
En 2024, la mortalidad infantil distaba ya mucho del 4 por cada mil, un número para el que hay que echar la vista muy atrás, a los mejores años de la historia reciente de la Isla
Cuba era, por la generalización y expansión a toda la población de programas de salud pública como el Pami (Programa Nacional de Atención Materno Infantil), uno de los países con mejores datos de mortalidad infantil de la región, incluso por delante de EE UU. En el año 2000, la Isla comenzó a estabilizar unos registros relativamente negativos de los años del período especial y se mantuvo varios años rondando los 6 fallecidos por cada mil nacidos. A partir de 2006 las cosas comenzaron a ir mucho mejor y ya en 2008 se llegó a la tasa de 4,7 por cada mil, que fue a mejor hasta llegar a los años récord: 2017 y 2018, cuando –ahí sí– se llegó al 4 que ahora recuerda el funcionario.
Todo cambió en 2019, cuando subió un punto, pero la gran ruptura se produjo en 2021. La pandemia golpeó con mucha fuerza al sector sanitario, aquel año no solo el dato fue inusualmente elevado para la Isla, de 7,9 por cada mil, sino que hubo cifras verdaderamente dramáticas. Fue el caso de Ciego de Ávila, donde se registraron 13,8 muertos por mil nacidos, más del doble que el año anterior e incluso por delante de las de México (11) y El Salvador (12). En aquella ocasión, el diario oficial de la provincia, Invasor, buscó responsabilidades y las halló, mucho más cercanas que en Washington.
«Inciden el bajo peso al nacer y la prematuridad en la morbilidad y la mortalidad del territorio, asociados, fundamentalmente, a la hipertensión arterial, el crecimiento intrauterino retardado y el embarazo en la adolescencia. Muchos bebés llegan al servicio de Neonatología con pesos extremos (menos de 1.500 y 1.000 gramos), que ponen en riesgo su vida y extienden la estadía hospitalaria», contó Luis Carmenate Martínez, jefe del área de ginecología y obstetricia en la provincia y funcionario del Pami.
El facultativo alertaba de la falta de un sistema de promoción y educación para la salud que, a su juicio. Los grupos de trabajo no están completos y falta apoyo del sector, añadió
A esas declaraciones respondió espontáneamente un médico, Ernesto René, que trabajó durante 34 años en el Pami, y denunciaba que hacía 20 años que se empezó a desarticular el trabajo intersectorial del programa. “Hoy no funciona”, advirtió. El facultativo alertaba de la falta de un sistema de promoción y educación para la salud que, a su juicio. Los grupos de trabajo no están completos y falta apoyo del sector, añadió. «Se han perdido profesionales con experiencia en el PAMI por políticas y decisiones en la provincia de sus directivos de forma totalmente equivocadas y carentes de ciencia y de experiencia».
No extrañó a nadie que siguieran estos datos que, pasada la pandemia, Cuba fuera incapaz de volver a las tasas que había obtenido durante décadas. En 2022 se alcanzaron los 7,5, en 2023 y 2024 se redujo levemente hasta 7,1 y en 2025 se retrocedió gravemente, hasta los 9,9 citados por Morales Ojeda. Es un 39,9% más que el año precedente, aunque no el 148% que dice el funcionario al retroceder a datos de hace ocho años. Los números son de la Oficina Nacional de Estadística e Información, pero Tribuna de La Habana no ha visto necesario enmendar al secretario de organización del partido y ex ministro de Salud Pública, que habla de un “castigo que se ensaña con los inocentes” recurriendo a una cifra falsa.
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