Foto del día: El ‘químico’, una mochila robada y una ironía

La Habana/La frase “Necesitas ser feliz”, que el grafitero Abraham Echevarría tiene multiplicada por las calles de La Habana, funciona de por sí, allá donde está grabada, como un elocuente pie de foto o un llamado desesperado. Sea en los puntales de un edificio a punto de caerse, en la puerta de una librería, en un cesto de basura o en las ruinas del viejo Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDi), las tres palabras interpelan automáticamente a quien pasa por delante.
“La idea es ir destacando los obstáculos que puede haber para la felicidad”, contó de su trabajo el propio artista hace unos meses, en entrevista con 14ymedio. Este mismo miércoles, una escena bajo uno de sus carteles apostillaba su intención.
En la columna azul de la calle Reina esquina Galiano, en el corazón de Centro Habana, donde la oración fue borrada y posteriormente reescrita, dos jóvenes dormían el sueño inequívoco del químico en su organismo. El cannabinoide sintético, caballo de batalla de las autoridades en los últimos años, los había dejado a uno –trigueño con bigote– recostado hacia atrás, al otro –lampiño con gorro verde– hacia delante.
“Ni un policía hay a quien acudir cuando se necesita”, decía una anciana con tristeza al ver la escena
Este último sostenía una mochila rosada que, en un balanceo, se le soltó de las manos. El primero, que también portaba una mochila, había quedado sencillamente inconsciente. En ese momento, un tercer hombre, rápido e impasible, pasó por delante y le robó la mochila al trigueño, antes de cruzar por Reina y perderse en la multitud.
Algún transeúnte gritó, otro amagó con correr detrás, pero desistió enseguida. “Ni un policía hay a quien acudir cuando se necesita”, decía una anciana con tristeza al ver la escena. “Y eso que ayer mismo hubo operativo antidroga en toda la calle Reina”.
En efecto, de poco sirven los esfuerzos del régimen contra una droga ante la que permaneció impasible durante demasiado tiempo. El pasado julio, la Aduana General de la República de Cuba decomisó en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana un cargamento de químico escondido en dos cajas de alimentos procedentes de Estados Unidos.
En abril, la Aduana decomisó 22.800 dosis del cannabinoide sintético, también procedente de EE UU, dentro de una caja de cereales. En ambas ocasiones, las autoridades destacaron que ese país es “el principal origen” de la sustancia, viendo la ocasión propicia para culpar al enemigo de siempre y presumir de eficacia.
El Gobierno lleva tiempo, sin embargo, reconociendo un aumento del consumo de drogas, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, y ha mostrado preocupación por su circulación en la Isla, especialmente entre los jóvenes. La cruzada, de hecho, ha alcanzado a otros productos que no califican como droga per se, como es el caso de Shaka, una bebida energética mezclada con alcohol que ya ha producido varias intoxicaciones graves.
A la vez, insiste en afirmar que la Isla “no es un país productor ni de tránsito de drogas ilícitas” y que la política oficial es de “tolerancia cero”. Aunque el Código Penal cubano sanciona la tenencia y el tráfico de drogas ilícitas con penas desde cuatro a 30 años de cárcel, incluso prisión perpetua y hasta la condena de muerte, el consumo sigue aumentando. En un país donde escasea lo más básico, la triste razón puede encontrarse en la frase del grafitero Echevarría: “Necesitas ser feliz”.
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