Foto del día: Los niños limpian parabrisas a cambio de una limosna

La Habana/Una escena comienza a repetirse cada vez más en La Habana en los semáforos céntricos: en cuanto se pone la luz roja, varios niños se precipitan a los vehículos para ofrecer limpiar los parabrisas y espejos a motos, triciclos y autos. Piden algo de dinero, a voluntad.
“Y no solamente niños, también ancianos y gente con discapacidad”, dice el repartidor de un negocio privado. “En cualquier cruce concurrido, casi siempre hay alguien pidiendo limosna”.
Nadie se acuerda ya, pero hubo una ministra en Cuba, Marta Elena Feitó, que negó que este tipo de menesterosos fueran mendigos. Fue en julio de 2025. Para ella, eran “personas que han encontrado un modo de vida fácil en un semáforo, limpiando un parabrisas” y que ese dinero posiblemente lo gastarían en “tomar bebidas alcohólicas en la esquina”. Aquella intervención, que incluía la sentencia “en Cuba no hay mendigos”, solo “disfrazados”, le costó el puesto.
“¿Qué hacen ahí? ¡Tengan cuidado! ¡Los van a atropellar!”
Las autoridades tenían claro, para entonces, algo que el régimen había negado durante décadas: que la mendicidad existe en la Revolución. Dentro de ella, es especialmente hiriente el caso de los menores, algo que la prensa independiente documenta desde hace años.
Hace justo un año, trascendió la presencia de varios niños mendigaban y dormían en cartones en los bajos del hotel de lujo Gran Muthu Habana, justo al lado de la primera tienda que abrió en dólares en la Isla, el Supermercado de 3ra y 70. Ante la enorme difusión del caso en redes sociales, las autoridades se vieron obligadas a pronunciarse. Así, Carlos Miguel Pérez Reyes, diputado al Parlamento por el municipio Playa, confirmó que se trataba “de un problema recurrente que exige una respuesta integral” y que, además, se había extendido “a varios puntos, donde niños piden dinero a diario, incluso hasta altas horas de la noche”.
A los niños de los semáforos de La Habana no todos les dan limosna. A veces simplemente les regalan una admonición: “¿Qué hacen ahí? ¡Tengan cuidado! ¡Los van a atropellar!”. La pobreza va dejando cada vez menos resquicios en un país agotado.
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