Obituario: Muere en México el escritor cubano Manuel Pereira

La Habana/Manuel Pereira, uno de los últimos discípulos de José Lezama Lima y una voz singular de la narrativa cubana contemporánea, falleció este sábado en México, a solo tres semanas de cumplir 78 años. Con su muerte desaparece un escritor que atravesó el entusiasmo revolucionario, conoció de cerca a los grandes nombres del boom latinoamericano y terminó encontrando en el exilio la libertad que le faltó en la Isla.
Nacido en La Habana el 31 de octubre de 1948, hijo de emigrantes gallegos, Pereira solía precisar que no había nacido simplemente en Cuba, sino en La Habana Vieja. Aquella geografía de calles estrechas, edificios antiguos y personajes pintorescos alimentó buena parte de su imaginación literaria. La ciudad lo acompañaría incluso cuando miles de kilómetros lo separaban de sus portales y adoquines.
Estudió Artes Plásticas en la Academia de San Alejandro, pero pronto encontró en las palabras su verdadera vocación. Ejerció el periodismo, trabajó como guionista cinematográfico, publicó numerosos reportajes en la revista Cuba Internacional y ocupó responsabilidades en la revista Cine Cubano. Sin embargo, una de las experiencias decisivas de su juventud ocurrió en la casa de Trocadero donde José Lezama Lima vivía.
Allí aprendió del autor de Paradiso una manera de entender la literatura como aventura del conocimiento. Pereira conservaría durante toda su vida la devoción por aquel maestro que le enseñó a mirar más allá de las apariencias. Años después, en su evocación El curso délfico, dejaría testimonio de una relación intelectual y humana que nunca se extinguió.
Alejo Carpentier lo saludó como un novelista nato y Gabriel García Márquez llegó a afirmar que era la novela que le hubiera gustado escribir sobre Cuba
Su primera novela, El comandante Veneno, escrita entre 1972 y 1974 y publicada finalmente en 1977, lo convirtió en un autor conocido dentro de Cuba. Inspirada en sus experiencias durante la campaña de alfabetización, la obra sufrió inicialmente el rechazo de un jurado militar que encontró en sus páginas influencias extranjerizantes y pasajes considerados pornográficos.
Alejo Carpentier lo saludó como un novelista nato y Gabriel García Márquez llegó a afirmar que era la novela que le hubiera gustado escribir sobre Cuba. Aquellos elogios abrieron puertas a un joven narrador que también cultivó la amistad y el intercambio intelectual con figuras como Julio Cortázar. Su libro de ensayos La quinta nave de los locos se volvió una lectura de culto entre los jóvenes cubanos.
Pero la trayectoria de Pereira estuvo marcada por una ruptura dolorosa. Durante su estancia como diplomático cultural ante la Unesco, en París, contempló con esperanza las reformas soviéticas de la perestroika. Su desencanto con el inmovilismo político cubano lo llevó a renunciar al cargo en 1988. Tres años después abandonó definitivamente la Isla.
Berlín, Barcelona y finalmente Ciudad de México fueron las estaciones de un exilio durante el cual continuó escribiendo, traduciendo y enseñando literatura. Publicó novelas como Toilette, Insolación, El beso esquimal y Un viejo viaje, además de ensayos y relatos que confirmaron su curiosidad intelectual y su resistencia a cualquier encasillamiento.
En una entrevista concedida a 14ymedio, Pereira se definió como un ensayista que escribía novelas. Detrás de aquella declaración había una concepción de la escritura como exploración permanente, pero también la experiencia de una generación que había creído intensamente en un proyecto político y terminado profundamente desilusionada.
México, donde residía desde 2004, fue su último refugio. Allí fue profesor, escribió y siguió evocando una Habana que nunca abandonó del todo.
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