Basura: Recogiendo basura con las manos en La Habana: El Rampeño

La Habana/Ni una escoba, ni siquiera un recogedor. Dos trabajadores se agachan para levantar con las manos los desperdicios esparcidos por el parque de 19 y M, en El Vedado habanero. Uno sostiene una pequeña caja plástica, mientras el otro recoge papeles y envases del suelo. Cuando terminan su labor en aquel punto y regresan al pequeño vehículo de carga que los espera junto a la acera, todavía quedan residuos entre la hierba y alrededor de los árboles.
La escena, registrada este viernes por este diario, muestra la verdadera realidad de El Rampeño, el proyecto de desarrollo local que desde julio intenta aliviar la crisis de la recogida de basura en una parte del municipio Plaza de la Revolución, cuyos responsables –el funcionario Pedro Garcés a la cabeza–, siguen intentando vender como un éxito.
En un reportaje difundido por la agencia EFE se destaca la actividad de unos 15 triciclos eléctricos dedicados a retirar residuos de restaurantes, tiendas, mercados, viviendas y establecimientos turísticos, entre ellos el Hotel Nacional de Cuba. La iniciativa cuenta actualmente, según sus responsables, con 40 trabajadores y una estación de carga equipada con 60 paneles solares.
El empresario Yasier Hernández, de 35 años, explicó a la agencia que el proyecto combina capital privado y tecnología sostenible para enfrentar un problema agravado por la escasez de combustible y el deterioro de los servicios comunales. Los vehículos realizan dos recorridos diarios, a las ocho de la mañana y a las ocho de la noche. El precio anunciado para las viviendas es de 100 pesos mensuales, mientras que los establecimientos comerciales pagan tarifas diferenciadas.
Pero lo registrado este viernes contrasta con esa imagen de eficiencia. “Vean a los recolectores cómo trabajan, ¡con las manos!”, dice un residente que lamenta que, después de cada operación, permanezcan desperdicios en el lugar. A lo largo de una franja verde junto a la acera se ven bolsas, envases y papeles esparcidos.
Aun con esas limitaciones, la situación de las calles atendidas por El Rampeño contrasta con la de otros barrios de La Habana, donde la acumulación de desperdicios ha llegado a impedir el tránsito. En la esquina de Villanueva y Melones, en Luyanó, una montaña de basura obligó a utilizar maquinaria pesada para despejar la vía, según muestran otras imágenes recogidas por este diario.
En el vídeo, una cargadora frontal amarilla hunde su pala entre bolsas, cartones, plásticos y restos de todo tipo acumulados junto a las viviendas. La máquina retrocede, maniobra y vuelve a embestir contra el enorme basurero, que ocupa buena parte de la calzada. La escena ocurre en una calle que da acceso al hospital Miguel Enríquez, conocido como La Benéfica.
“Estuvieron una pila de días con la montaña de basura ahí”, relata una vecina de la zona. Según su testimonio, los residentes habían protestado porque, en ocasiones anteriores, las autoridades se limitaron a amontonar los desechos sin retirarlos. Esta vez, asegura, llegó también un camión para llevárselos.
La historia de El Rampeño ha estado marcada por una sucesión de promesas, avances limitados e incumplimientos. Cuando se presentó a finales de junio, sus promotores anunciaron la incorporación de 30 triciclos eléctricos y la contratación de unos 70 trabajadores. También prometieron una estación de carga solar que permitiría reducir la dependencia de la red eléctrica nacional y extender la recogida a 14 circunscripciones del Consejo Popular Rampa.
Sin embargo, cuando el servicio comenzó el 1 de julio, solamente estaban en funcionamiento cinco de los 30 vehículos previstos. La escasez de medios limitó desde el principio el alcance de una iniciativa que aspiraba a dar el ejemplo en materia de limpieza en una de las zonas más céntricas de La Habana.
A pesar de esas dificultades, los primeros resultados fueron alentadores en las pocas calles atendidas. El 15 de julio, 14ymedio comprobó que algunas de las zonas incluidas en los recorridos estaban prácticamente libres de desperdicios. Bastaba, sin embargo, caminar unos metros hasta una calle fuera del servicio para encontrar nuevamente contenedores desbordados y montañas de basura.
Los triciclos prometidos por el Comité Central del Partido Comunista y el Gobierno central no habían llegado en la cantidad prevista, y tampoco se había completado la estación solar de 23 y J
En aquella fecha, El Rampeño operaba solamente en cuatro zonas pequeñas del consejo popular. La diferencia entre una calle limpia y otra convertida en vertedero dependía, fundamentalmente, de estar dentro o fuera de los recorridos. El proyecto demostraba que era posible mantener algunas áreas en mejores condiciones, pero todavía estaba lejos de ofrecer una solución para todo el barrio.
En agosto, las dificultades dejaron de ser únicamente un problema de cobertura. Pedro Garcés, presidente del Consejo Popular Rampa y uno de los principales impulsores de la iniciativa, reconoció públicamente que el objetivo inicial no se había conseguido. Los triciclos prometidos por el Comité Central del Partido Comunista y el Gobierno central no habían llegado en la cantidad prevista, y tampoco se había completado la estación solar de 23 y J. El funcionario criticó además las demoras en la búsqueda de alternativas para cargar los vehículos durante los prolongados apagones.
Ahora, las declaraciones de Hernández a EFE apuntan a una recuperación parcial. De los cinco triciclos con los que comenzó el servicio, la flota habría pasado a unos 15, todavía la mitad de los 30 anunciados originalmente.
Una trabajadora de 58 años, que antes se dedicaba al alquiler de habitaciones para turistas, describe la recogida de basura como una labor sacrificada, por la que percibe un salario promedio de unos 15.000 pesos
El Rampeño también representa una peculiar combinación de financiación estatal, municipal y privada. Según la presentación inicial, el Gobierno aportaría los vehículos, mientras que parte de la infraestructura se financiaría con fondos procedentes de la contribución territorial del 1% que pagan las empresas. A ello se sumarían las cuotas de los vecinos, los contratos con negocios y los ingresos por la recuperación de materias primas.
El empresario que hoy aparece al frente de la iniciativa procede, además, de un emprendimiento fundado hace dos años en Villa Clara, dedicado principalmente a confecciones textiles y medios de protección laboral. No se han hecho públicos los detalles de la relación contractual entre esa empresa, el proyecto de desarrollo local y las autoridades municipales.
En el reportaje de EFE, una trabajadora de 58 años, que antes se dedicaba al alquiler de habitaciones para turistas, describe la recogida de basura como una labor sacrificada, por la que percibe un salario promedio de unos 15.000 pesos (18 dólares mensuales a la tasa de cambio de este viernes). También asegura que muchos vecinos agradecen el servicio, una percepción que coincide con los testimonios recogidos por este diario durante las primeras semanas de funcionamiento. No se trata solamente de cuántos triciclos circulan, sino de las condiciones y los medios con que se realiza la limpieza.
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