Foto del día: «Evite disgustos», la guerra contra los billetes pequeños en Cuba

La Habana/El dinero también puede convertirse en una molestia. En Cuba, donde los precios suben de un día para otro, los billetes de baja denominación son ahora el pariente pobre de la moneda nacional. En un pequeño negocio de Luyanó, en La Habana, los carteles cuentan mejor que cualquier discurso oficial el estado de la economía. Uno anuncia, con letras verdes y sin demasiados rodeos, «Compro USD». Otro advierte: «Si no quiere vuelto de 20 ni de 10 pesos, venga con el dinero exacto. Evite disgustos».
La advertencia tiene algo de ultimátum. El comerciante no quiere discusiones por unos pesos que todavía son dinero legal, aunque cada vez sirvan para convertirse en menos bienes y servicios. El cliente, por su parte, tampoco desea salir con los bolsillos llenos de papelitos de colores que difícilmente podrá utilizar en la próxima compra. Entre uno y otro se libra una guerra de baja intensidad, con el mostrador como trinchera y el vuelto como munición.
El problema no es que 10 pesos hayan dejado de ser dinero, sino que cada vez resulta más difícil encontrar algo que comprar con ellos. La inflación los ha ido encogiendo hasta convertirlos en una cantidad que apenas modifica el precio de cualquier mercancía. No desaparecen de la circulación por decreto, sino por una sentencia mucho más implacable: la que dicta la realidad.
El próximo cartel podría anunciar una novedad todavía más brutal: «Se aceptan billetes, pero procure que no sean cubanos»
Este sábado, el dólar se cambia a 880 pesos en el mercado informal, una cotización que hace apenas unos años habría parecido un disparate y que ahora se recibe con una mezcla de resignación y espanto. Cada nueva subida de la divisa estadounidense empuja un poco más hacia abajo el valor de la moneda nacional y alimenta la carrera de los precios. El peso cubano se devalúa a tal velocidad que parece achicarse dentro del bolsillo.
De ahí que lo más revelador del aviso de Luyanó sea su última frase: «Evite disgustos». No recomienda revisar la mercancía ni comprobar el importe de la compra. Pide, sencillamente, que nadie se moleste al recibir billetes de baja denominación. El próximo cartel podría anunciar una novedad todavía más brutal: «Se aceptan billetes, pero procure que no sean cubanos».
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