La Habana: Decenas de contenedores de basura cerca del Malecón
La Habana/El recodo que forma la calle 5 con H, en El Vedado habanero, a una cuadra del Malecón, es un hervidero este miércoles. Alrededor del medio centenar de contenedores que ocupan lo que antes era el parqueo del Deportivo José Martí van y vienen triciclos eléctricos a dejar bolsas de desperdicios, y un camión de Comunales se lleva lo que le cabe, que se había acumulado durante varios días. En este lugar, en fin, se halla el destino final de la basura recogida por el proyecto piloto del Consejo Popular Rampa denominado El Rampeño, y que sigue levantando suspicacias.
“Esto es del proyecto ese que recoge basura en triciclos eléctricos”, confirmaba una vecina del lugar. Torciendo el gesto, objetaba: “Eso en principio está muy bien, pero esos tanques los pusieron ahí sin contar con nadie, y nosotros no estamos de acuerdo en concentrar los desperdicios tan cerca de las viviendas”. En efecto, no hay mucha distancia entre los contenedores y las casas al otro lado de la calle H, desde donde se observa la hilera azul maloliente.
Otra residente cercana explicaba que “seguro por falta de combustible hacía varios días que no venían a recoger la basura”. Si vinieron hoy, aseguraba, es “porque la gente se ha estado quejando en redes sociales”. Y lamentaba: “Esa concentración de basura atrae a los roedores y es fuente de infecciones, por no hablar de la peste que hay todo el día y se mete hasta la cocina”.
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En la página de Facebook del Gobierno de La Habana, la usuaria Leticia Machín denunció el “estado de insalubridad” en que se encuentra el “colector” central de basura de El Rampeño. Aunque la mujer juzga el plan de “acertado”, señala que, “aparte de las indisciplinas, que no acompañan el proyecto”, el centro de recogida fue instalado sin consultar ni siquiera informar a los vecinos. Actualmente, los residentes conviven con “cantidad de moscas y roedores” y “el mal olor típico de la basura en descomposición”.
Para colmo, proseguía la denunciante, “no solo echan ahí la basura, sino escombros, matas y cuantos otros desechos”. Este diario comprobó, ciertamente, cómo al lado de los contenedores se ha formado un vertedero espontáneo de desperdicios varios, con restos de vegetación.
Todo ello, concluía Leticia Machín, es “una vulneración de las normas de medio ambiente y de los derechos que como seres humanos tenemos de vivir en un ambiente sano e higiénico”. Y pedía: “¿Qué respuesta, qué solución van a dar a esta situación? Ya nos quejamos a nivel municipal ante las autoridades locales del gobierno de Plaza y la callada por respuesta”.
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Entre los comentarios, un acertado Daris VT le respondía: “Desarman un muñeco para armar otro”. En esta misma línea, un vecino con el que se encontró este miércoles 14ymedio exponía: “Es que al final es mover la basura de un sitio a otro, y si no unos, otros acaban teniendo el problema, porque la basura no se desintegra por las buenas”. Su mujer apostillaba, con ironía amarga: “Y no se come, porque si no ya no hubiera basura en este país”.
El Rampeño, liderado por el esforzado funcionario local Pedro Garcés, al frente del Consejo Popular, ha estado marcado más por las expectativas que por los resultados tangibles. Cuando se presentó a finales de junio, sus promotores anunciaron la incorporación de 30 triciclos eléctricos y la contratación de unos 70 trabajadores. El 1 de julio, cuando comenzó el proyecto, solo estaban en funcionamiento cinco del total de vehículos previstos.
También prometieron una estación de carga solar que permitiría reducir la dependencia de la red eléctrica nacional y extender la recogida a 14 circunscripciones del Consejo Popular Rampa, cosa que tampoco sucedió.
A pesar de esas dificultades, los primeros resultados fueron alentadores en las pocas calles atendidas. El 15 de julio, 14ymedio comprobó que algunas de las zonas incluidas en los recorridos estaban prácticamente libres de desperdicios. Bastaba, sin embargo, caminar unos metros hasta una calle fuera del servicio para encontrar nuevamente contenedores desbordados y montañas de basura.
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En aquella fecha, El Rampeño operaba solamente en cuatro zonas pequeñas del consejo popular. La diferencia entre una calle limpia y otra convertida en vertedero dependía, fundamentalmente, de estar dentro o fuera de los recorridos. El proyecto demostraba que era posible mantener algunas áreas en mejores condiciones, pero todavía estaba lejos de ofrecer una solución para todo el barrio.
En agosto, los problemas dejaron de ser únicamente de cobertura. Garcés reconoció públicamente que el objetivo inicial no se había conseguido. El funcionario criticó además las demoras en la búsqueda de alternativas para cargar los vehículos durante los prolongados apagones.
Sin embargo, el proyecto ha seguido adelante, aun cuando los recolectores tengan que cargar los desperdicios con las manos, tal y como fueron sorprendidos por este diario hace unas semanas. A falta de medios, El Rampeño fía también su suerte a que hagan caso de los carteles escritos con brocha roja y colocados aquí y allá por El Vedado: “Aviso. No botar basura ni escombros”. A diferencia de otros exitosos carteles en la capital, no se acompaña de advertencia de sanción.
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