Plagas: Las chinches se expanden por una Habana convertida en basurero

La Habana/En otro tiempo, un colchón viejo era un pequeño tesoro. Aunque estuviera vencido por los años, con los muelles salidos y la guata convertida en grumos, siempre aparecía alguien dispuesto a rescatarlo para reparar otro. Por eso sorprende tanto la escena que ahora se repite en varios barrios de La Habana: colchones abandonados en montañas de basura, sofás despedazados en las esquinas y vecinos que los miran con recelo, como si fueran bombas biológicas.
La razón tiene seis patas y se alimenta de sangre humana. Las chinches, una plaga que hasta hace pocos años parecía un problema lejano o propio de hogares descuidados, se están extendiendo por la capital al calor de la crisis sanitaria, la acumulación de desperdicios, los apagones y la imposibilidad de mantener unas condiciones mínimas de higiene.
La epidemia no ha llegado de golpe. Desde 2023 comenzaron a multiplicarse los reportes en Santiago de Cuba, donde incluso las autoridades reconocieron que no disponían de recursos suficientes para combatirla. Más tarde aparecieron brotes en Sancti Spíritus y Holguín, con familias obligadas a tirar colchones, quemar muebles o gastar fortunas en insecticidas. Ahora, las historias empiezan a repetirse con demasiada frecuencia en La Habana.
Una plaga que hasta hace pocos años parecía un problema lejano o propio de hogares descuidados, se están extendiendo por la capital al calor de la crisis sanitaria
«Cuando pensaba que estar sin electricidad, sin agua y sin conexión sería lo peor… hoy descubrimos que tenemos chinches en la casa. ¡Chinches! Lo más horrible que nos pueda ocurrir en estos momentos», lamenta Gerardo, residente en Lawton. A sus 78 años asegura que nunca había visto una. «Tuvimos que botar el sofá y también mi colchón».
Durante días creyó que las ronchas con las que amanecía eran obra de los mosquitos. Con el calor sofocante, las noches sin ventilador y las ventanas abiertas por los apagones, la explicación parecía lógica. «Incluso llegué a decir que los mosquitos me mordían», recuerda. Solo cuando revisaron las costuras del sofá descubrieron cientos de insectos escondidos.
La sospecha sobre el origen de la infestación también apunta hacia la calle. «Cuando botamos los muebles nos dimos cuenta de que en los desperdicios acumulados frente al edificio había colchones y otros muebles. Al parecer fueron los causantes de que la plaga llegara a nuestra casa». Su conclusión resume una percepción cada vez más extendida entre los habaneros: «La Habana, la Isla entera, es un inmenso basural».
No es una exageración. Los vertederos improvisados llevan meses creciendo en esquinas, solares vacíos y frente a edificios residenciales. La recogida irregular de desechos, agravada por la escasez de combustible y la crisis de los servicios comunales, ha convertido numerosos barrios en enormes depósitos de basura al aire libre, donde se mezclan restos de comida, muebles viejos, electrodomésticos rotos y colchones infestados.
«Ese basurero que está quemándose en la esquina es porque los propios vecinos le prendieron fuego después de que botaran dos colchones con chinches»
En El Vedado, el miedo ya provoca reacciones desesperadas. «Ese basurero que está quemándose en la esquina es porque los propios vecinos le prendieron fuego después de que botaran dos colchones con chinches», cuenta Ana María. «La gente tenía miedo de que se les metieran dentro de la casa, así que le pegaron candela». Ella todavía no ha sufrido la invasión, pero la amenaza está a unos pocos metros. «Ya supimos que la vecina de los bajos tuvo que deshacerse de un sofá porque se le llenó de esos bichos».
Las hogueras improvisadas se han convertido así en otra consecuencia visible de la plaga. El humo tóxico de la espuma, las telas y el plástico se suma al aire irrespirable de una ciudad donde cada vez es más frecuente que los vecinos quemen desperdicios para reducir el volumen de los vertederos.
Quienes buscan una solución rápida tropiezan con otra realidad. A las afueras del mercado de Tulipán, un vendedor de insecticidas asegura que las preguntas se han multiplicado. «En estos días ha llegado mucha gente preguntando si tengo veneno contra las chinches, pero yo solo vendo para hormigas y cucarachas». Lo que escucha después refleja el callejón sin salida en que viven muchas familias. «Para librarse de esa plaga se necesita mucha higiene, lavar la ropa de cama a altas temperaturas, pero aquí casi nadie puede hacerlo porque cuando no falta la luz entonces falta el agua».
Los especialistas coinciden en que eliminar una infestación requiere tratamientos específicos, limpieza constante y calor suficiente para destruir huevos y larvas, medidas difíciles de cumplir en un país donde la electricidad desaparece durante horas, el agua llega de forma intermitente y los productos especializados prácticamente no existen.
Mientras tanto, los colchones continúan apareciendo en las esquinas de La Habana. Ya nadie se acerca para rescatar un muelle o un puñado de guata. Ahora se les rodea con cautela, como si cada uno escondiera un ejército dispuesto a conquistar la próxima casa.
Fuente:
Leer la noticia original