Mipymes: El problema del helado en Matanzas
Matanzas/Una bola de helado a 50 pesos era todavía un pequeño lujo al alcance de algunos bolsillos en Matanzas. Esa posibilidad está ahora a punto de desaparecer con el traspaso a manos privadas de la heladería Calle del Medio, uno de los pocos establecimientos estatales de la ciudad que mantenía precios inferiores a los del mercado particular.
La noticia, divulgada en redes sociales y atribuida a fuentes del Comercio provincial, ha provocado malestar entre los vecinos. El local dejará de funcionar como heladería y será arrendado para instalar quioscos de venta de productos variados, una oferta que ya abunda en las calles matanceras.
El artista matancero Adrián Socorro Suárez fue uno de los primeros en denunciar públicamente la posible desaparición de La Soda del Medio, a la que describió como una excepción en medio del deterioro del comercio local. Según escribió en Facebook, las autoridades pretendían entregar el establecimiento a un particular para colocar mesas de “merolicos”, pese a que en sus alrededores ya abundan los puestos de ese tipo.
Socorro calificó la decisión de “infame” y “absurda” y, aunque aclaró que no podía probar la existencia de irregularidades, no descartó que detrás hubiera “negocios turbios y corrupción”. “Si una distinción le otorgara yo a ese sitio sería el de una mariposa hermosa en medio de un basurero horrendo”, afirmó sobre la heladería, una de las pocas de Matanzas donde todavía se vendía una bola a 50 pesos.
“Si una distinción le otorgara yo a ese sitio sería el de una mariposa hermosa en medio de un basurero horrendo”
La tradición heladera tiene más de un siglo de historia en Cuba. La Compañía Frigorífica Cubana producía hielo, helados y sorbetes desde 1910, y en la década de 1930 la firma La Lechera popularizó la marca Hatuey, asociada durante años al consumo familiar y a la identidad gastronómica de la Isla.
Ese carácter popular se ha perdido a medida que la crisis ha reducido la disponibilidad de leche, azúcar y otros insumos. Salvo por establecimientos puntuales, como Coppelia, la producción de helado en Matanzas ha quedado prácticamente en manos privadas.
/ 14ymedio
Los fabricantes venden a mipymes y otros intermediarios, que encarecen el producto durante la cadena de distribución. Un pote de aproximadamente 900 gramos puede costar entre 1.400 y 1.500 pesos, casi la cuarta parte de un salario estatal de 6.000 pesos.
“Ni un pote pequeño puedo darme el lujo de comprar”, explica Bianca, que vive con su madre y su hijo. “El helado más económico cuesta 450 pesos. Serían 1.350 si compro uno para cada uno. Mientras tanto, el arroz sube todos los días y el aceite también. El saco de carbón ya está en 2.500 pesos. ¿Quién en mi situación puede pensar en comer helado?”.
La clausura del establecimiento coincide con otra polémica relacionada con Helados Alask, una fábrica privada que abastece a numerosos comercios de la provincia. La empresa publicó en su página de Facebook un anuncio en el que dividía a los consumidores entre quienes compraban sus helados y quienes no podían hacerlo. El mensaje fue interpretado por muchos usuarios como una burla hacia las personas con menos recursos y recibió cientos de comentarios críticos.
/ Alask lácteos
“Lo vi y no quise creerlo”, cuenta Yesenia, comunicadora social. “¿Cómo un negocio, por muy grande y próspero que sea, puede burlarse así de la situación que atraviesa el pueblo?”.
La publicación permaneció durante varios días en la página de la empresa, pese a las protestas, y sus directivos no ofrecieron disculpas públicas, según varios clientes consultados por este diario. “Se creen intocables mientras se burlan de quienes intentamos sobrevivir en un país donde todo va a peor”, afirma Yesenia. “¿Quién nos protege de ellos?”.
El episodio ha reavivado la discusión sobre el comportamiento de algunos negocios privados que han prosperado al amparo de la escasez, los elevados precios y la retirada progresiva del Estado de servicios que durante décadas estuvieron bajo su control.
En Matanzas, la discusión no se limita ya a la calidad o al precio de un postre. El cierre de una heladería estatal asequible y la publicidad de Alask han terminado por ilustrar las dos caras de un mismo problema: una Administración que abandona espacios públicos sin ofrecer explicaciones y un sector privado que vende sus productos a precios inaccesibles para gran parte de la población.
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