Economía: Una feria deslucida de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel
La Habana/El cartel que anuncia la feria por el decimotercer aniversario de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM) cuelga de una grúa, tan alto que cuesta leerlo. Es una bienvenida bastante apropiada para un proyecto que, desde su inauguración en 2013, ha mantenido sus grandes promesas lejos del alcance de los cubanos. Este lunes, en el complejo histórico militar Morro-Cabaña, en La Habana, la celebración de aquella obra faraónica impulsada por Raúl Castro y financiada por Brasil transcurre con escaso público y una exposición bastante más modesta que sus ambiciones originales.
«He tenido que dar tremenda vuelta», protesta un joven que buscaba la entrada habitual de la Feria del Libro. Esta vez el recorrido conduce a un salón pequeño y climatizado, en el Teatro San Ambrosio, lejos de las tradicionales galeras de la fortaleza. Dos guardias vestidos con trajes de época reciben a los visitantes. Dentro, los expositores ocupan espacios reducidos, mientras caminar por los pasillos sin tropezar con algún curioso es lo más sencillo.
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La feria tiene más aspecto de degustación comercial que de escaparate de un gran polo industrial. La firma Parranda ofrece un vaso gratuito de cerveza o malta. Cubita y Caracolillo convidan a probar café servido en vasitos de plástico. Nescor, empresa mixta vinculada a Nestlé, promociona sus variedades Robusto y Raíces. Entre sorbo y sorbo, el visitante puede contemplar una muestra donde también aparecen las vacunas Abdala y medicamentos como la proctokinasa, para el tratamiento de las hemorroides.
Brascuba dispone de su propio espacio, pero tampoco llega con buenas noticias. El fabricante de cigarrillos acaba de perder a su socio británico, British American Tobacco, que vendió su participación en la empresa. La salida deja el negocio bajo control estatal y abre interrogantes sobre marcas y suministros. Otro recordatorio de que atraer capital extranjero a la Isla resulta difícil, pero conseguir que permanezca puede ser todavía más complicado.
En el pequeño stand de La Favorita, marca de Richmeat –oficialmente mexicana aunque no tiene ninguna actividad en ese país–, aparecen el picadillo y los perros calientes que durante algún tiempo abundaron en los comercios habaneros. La empresa, cuya estructura empresarial y prosperidad han suscitado preguntas, tampoco escapa al desabastecimiento. Sus productos han disminuido notablemente en establecimientos como el supermercado en dólares de 3ra y 70, Miramar, donde las neveras vacías contrastan con los tiempos de abundancia inicial.
Ante la pregunta de un curioso, sobre la ausencia de los perritos y del picadillo El Cocinerito en las tiendas cubanas, una empleada reconoce que han tenido “problemas con las navieras y en estos momentos hay muy baja disponibilidad en el país». La explicación resulta especialmente reveladora en una feria dedicada precisamente a un enclave concebido para facilitar el transporte marítimo, las importaciones y la producción industrial.
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Fuera del salón, Finca Marta vende jugos de frutas a 300 pesos el vaso. El emprendimiento agroecológico, creado en 2011 por el ingeniero agrónomo Fernando Funes Monzote en Caimito, Artemisa, se ha convertido en una de las experiencias más promovidas por la prensa oficial de agricultura privada en Cuba. En 2022, su fundador anunció que había presentado un proyecto para establecer vínculos productivos con la ZEDM. Cuatro años después, su presencia en la feria se concreta, con una imagen bastante más modesta que las grandes cadenas productivas prometidas para el enclave.
Quienes completan el recorrido por la feria, notan rápidamente el contraste entre los modestos mostradores y las expectativas originales del Mariel. Los organizadores de este evento anunciaron más de 55 empresas usuarias y unos 200 participantes como expositores, pero ante los ojos del que llega a La Cabaña la anemia de ofertas, compañías y productos es evidente.
La prensa oficial, con sus cámaras y micrófonos, trataba de buscar en esta primera jornada algún gesto de entusiasmo entre los asistentes, pero los visitantes escaseaban. “El transporte está muy malo para venir, nosotros pudimos llegar porque vivimos cerca pero quien tiene que atravesar el túnel se lo piensa dos veces”, advierte a 14ymedio una mujer que ha llegado con su amiga para mirar las novedades expuestas. “Esos negocios privados que están aquí son los que son millonarios, ninguno de los chiquitos puede permitirse algo así”, remachó.
Cuando comenzó el proyecto de la ZEDM, las autoridades calculaban atraer unos 2.500 millones de dólares anuales. Sin embargo, en 2021 apenas se habían acumulado 2.736 millones desde su creación, muy lejos de los casi 20.000 millones previstos para entonces. Numerosos negocios aprobados seguían sin materializarse. El puerto, preparado para recibir grandes portacontenedores, tampoco había logrado convertirse en el centro de transbordo regional anunciado.
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Algunas primeras piedras terminaron convirtiéndose en fábricas, como la de Unilever Suchel, inaugurada en 2022 después de seis años de espera, pero otras iniciativas han atravesado largos períodos de incertidumbre o han caído en el olvido tras más de una década sin concretarse. La distancia entre el anuncio de una inversión y su funcionamiento efectivo ha sido una constante del enclave.
De aquel dinamismo proyectado apenas se ha notado cierto trasiego de mercancías en los últimos años o meses, en los que el puerto de Mariel ha servido como puerta de entrada para el aceite vegetal, la harina de trigo, el combustible en isotanques y las mercancías destinadas al comercio privado. Pero recibir importaciones para abastecer un país desindustrializado dista mucho de parecerse al gran centro productivo y logístico del Caribe que se anunció que sería la ZEDM.
Un internauta resumió el desencanto ante la convocatoria: «No logramos mantener en pie ni eso, el supuesto corazón de Cuba hacia el mundo». Con la convicción de quien conoce los detalles internos del complejo, el hombre añadió sin medias tintas “la realidad es bien compleja, inversionistas que siguen retirándose y la zona viéndose en cada momento más cercana a lo que un día fue, marabú y aguas pantanosas”.
Este lunes, dentro de La Cabaña, mientras los visitantes degustan las muestras gratuitas de café y cerveza, la frase escrita por ese comentarista parece adquirir cuerpo. Trece años después, la vitrina del Mariel exhibe menos inversiones que promesas incumplidas.
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