Gasolina: En la Vía Blanca surgen puestos de venta de gasolina
La Habana/La gasolinera de la Rotonda de la antigua Shell, en Guanabacoa, se ha convertido en una candonga dedicada al negocio de combustible donde compiten tres opciones: la venta legal gestionada por una mipyme, que alquila los surtidores a Cupet; la comercialización por la izquierda, que depende de otra empresa; y la variante más novedosa, que consiste en ubicar en los alrededores del servicentro a jóvenes con botellas de un litro de gasolina.
«Gasolina 2.600», dice el cartel que sujeta un vendedor, de pie, junto a la Vía Blanca, como quien anuncia mangos o aguacates. Unos metros más adelante, tres botellas llenas de un líquido amarillento se ofrecen por 2.800 pesos cada una. Aquí el producto se vende en moneda nacional, a diferencia de lo que ocurre en la propia gasolinera, donde las transacciones son en dólares, aunque solo por contrato y con pago previo.
La modalidad legal ya no lo es tanto, puesto que se nota la presencia de vehículos estatales que repostan en violación de la autorización acordada por EE UU únicamente al sector privado, tanto para la importación como para la comercialización. No se sabe el nombre de la mipyme que gestiona la gasolinera, pero una investigación de 14ymedio ha permitido establecer que la empresa que vende por la izquierda pertenece al Grupo Y.E.S.
“Llegas allí y pagas tres dólares por cada litro. Te dicen que debes ir a la Rotonda de la Shell, pero no sé si tienen también otros servicentros»
Como otras mipymes que se han lanzado al negocio lucrativo del combustible, las dudas surgen sobre los vínculos con el Estado y si se trata de empresas privadas genuinas o de tapaderas oficialistas. En este caso, llaman la atención las numerosas inversiones del Grupo Y.E.S., que incluyen una tienda de electrodomésticos en la calle Galiano, un restaurante en el mismo sector de Centro Habana, un centro de belleza en el centro comercial La Copa y una “finca costera” a 20 minutos de la capital.
El grupo no tiene ninguna actividad vinculada con el sector energético y, sin embargo, los clientes pueden acudir a una de sus oficinas, en Playa, para comprar combustible. Este diario habló con Ernesto, un usuario habitual de este servicio. “El proceso comienza en un edificio con pasillos bastante enredados», explica. “Llegas allí y pagas tres dólares por cada litro. Te dicen que debes ir a la Rotonda de la Shell, pero no sé si tienen también otros servicentros. Debes preguntar por un tal A. Él tiene una lista. Llegas, verifican que estás apuntado y prácticamente entras directo a cargar».
Mientras decenas de vehículos, incluyendo ómnibus de PedroCars, taxis amarillos o vans de Transmed, esperan su turno, los clientes de la lista del Grupo Y.E.S. acceden al surtidor sin mayor demora. «Vi gente llevando diez litros y otros cargando depósitos enormes. Uno salió con mil litros. Yo me llevé cincuenta», relata.
La descripción coincide con el modelo que 14ymedio ha venido documentando en los últimos meses. Desde abril, varias investigaciones revelaron que el Estado comenzó a alquilar surtidores de Cupet a empresas privadas dedicadas a importar y comercializar combustible, permitiéndoles utilizar la infraestructura estatal para atender a sus propios clientes.
/ 14ymedio
Aquellas operaciones ya habían despertado críticas porque convivían con el sistema oficial de racionamiento. Ahora, según varios testimonios recogidos por este diario, el negocio parece haber evolucionado hacia un mecanismo mucho más organizado.
«Yo tenía miedo de que fuera gasolina mezclada con agua o alguna cosa rara que rompiera el motor», reconoce el conductor. «Pero huele exactamente igual que la de Cupet. El carro no ha dado ningún problema».
En paralelo, alrededor del servicentro continúa creciendo el mercado callejero. Los vendedores exhiben carteles con los precios escritos a mano y esperan a los clientes junto a la carretera.
«Si no quieres pasar por oficinas ni pagar en dólares, se la compras a ellos», comenta un motorista que observaba el ir y venir de compradores. «Todo el mundo sabe dónde están».
Los 2.600 pesos que anunciaba el cartel representan incluso una rebaja respecto a los valores registrados hace apenas unas semanas, cuando algunos revendedores pedían hasta 3.500 pesos por litro. La disminución podría indicar una mayor disponibilidad de combustible en el mercado informal o una competencia creciente entre los propios intermediarios.
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