Represión: Detienen a una madre que denunció a una delegada por negarle agua
La Habana/Después de varias semanas denunciando en redes sociales la falta de agua en su vivienda y recibir amenazas por documentar los favores de una delegado local en el reparto mediante pipas, Sady Reynaldo Companioni, residente en Lawton, municipio de Diez de Octubre (La Habana), fue detenida este viernes y trasladada a la unidad policial de Aguilera.
Según relató la propia Companioni poco antes de ser arrestada, cuatro policías uniformados se presentaron en su domicilio para llevársela por “una acusación” existente en la estación policial de la calle Aguilera. Entre los agentes, de acuerdo con los testimonios difundidos posteriormente, había un miembro de Búsqueda y Captura, un mayor y un primer teniente.
La mujer no había recibido previamente una citación. La detención se produjo además delante de sus padres y de su hija de seis años, que comenzó a llorar al ver cómo se llevaban a su madre. Sus familiares confirmaron posteriormente que permanecía en un calabozo de la estación de Aguilera.
Una pipa había llegado nuevamente a su zona, pero una mujer a la que identifica como “la delegada” impidió otra vez que su vivienda fuera abastecida
El arresto ocurrió apenas un día después de que Companioni publicara un mensaje titulado “¡Tengo miedo!”, en el que volvía a denunciar las represalias recibidas por reclamar agua para su casa. Según contó, una pipa había llegado nuevamente a su zona, pero una mujer a la que identifica como “la delegada” impidió otra vez que su vivienda fuera abastecida.
Companioni aseguró que la funcionaria señaló al conductor y le dijo: “esa es la compañera que no necesita agua”. También afirmó que la mujer la estaba grabando y que había amenazado con llevar sus publicaciones ante el jefe de sector por una supuesta “difamación”. La activista Tania Tasé, que ha seguido el caso y mantiene comunicación con la familia, asegura haber identificado a esa funcionaria como Yanelis, delegada del Poder Popular y teniente coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
En un mensaje enviado a Tasé durante la enfermedad de una sobrina, Campanioni afirmó que “la pipa y la delegada” pasaban algunos días frente a su casa sin detenerse. “Ella solo para cuando le pagan, y en cuanto tenga pruebas la voy a denunciar formalmente”, escribió.
Companioni denunció además que en el hospital Aballí “no tiene ni agua potable para los niños”
El conflicto se agravó mientras una sobrina de Companioni, de ocho años, empeoraba tras varios días con vómitos, diarreas y fiebre. La familia la llevó en repetidas ocasiones al Hospital Materno Infantil Ángel Arturo Aballí y al William Soler, pero inicialmente fue enviada de regreso a casa. Después de vomitar bilis con restos de sangre y, más tarde, presentar sangrado en las encías, finalmente quedó ingresada y las pruebas determinaron que padecía dengue con signos de alarma y, según sus familiares, varios órganos inflamados, por lo que debía ser trasladada a un pediátrico con terapia intensiva. Companioni denunció además que en el Aballí “no tiene ni agua potable para los niños, literalmente”.
Mientras la menor permanecía hospitalizada, la familia continuaba sin suministro regular en la vivienda. Campanioni contó que dependían incluso de recoger agua de lluvia. “Hoy en casa no tenemos agua ni una gota, porque no ha llovido”, escribió a Tasé. “No me voy a quedar callada ante tanto descaro e impotencia”, añadió.
/ Facebook/ Sady R. Companioni
La propia cúpula del Gobierno reconoció esta semana la gravedad del problema. El jueves, Miguel Díaz-Canel visitó la fuente de abasto de Paso Seco, en Boyeros, un punto estratégico para el bombeo hacia el sur y el centro de La Habana. La prensa oficial admitió que la instalación había entrado en una “situación crítica” y que se trabaja en recuperar equipos, motores y líneas eléctricas para sostener el servicio durante los prolongados apagones. El mandatario había ordenado buscar una “protección permanente” para el abastecimiento de la capital, donde viven cerca de dos millones de personas.
Un día después, la Embajada de Estados Unidos en La Habana emitió una alerta sanitaria en la que advirtió de que la infraestructura de suministro de agua en Cuba es “cada vez más inestable” y de que existen barrios residenciales que pasan largos períodos sin recibir agua de las redes municipales. La representación diplomática señaló que los problemas de abastecimiento, agravados por los apagones y la sequía, plantean “importantes desafíos para la salud y la seguridad”. Ese mismo viernes, los policías detuvieron a Companioni, cuya protesta había comenzado precisamente por uno de esos prolongados cortes de agua.
Un conflicto presentado como vecinal está sirviendo para encubrir una represalia de naturaleza política
El conflicto comenzó a principios de agosto, cuando la mujer denunció que su familia llevaba unos 15 días sin suministro. Acudió al puesto de mando del Gobierno municipal y a otras instituciones, incluida la sede del Partido Comunista, sin conseguir una solución efectiva. Días después, una pipa estatal llegó a su cuadra. Los vecinos pudieron llenar sus recipientes, pero a ella se le negó el agua. Cuando intentó grabar la escena, una funcionaria le advirtió que podía ser detenida si continuaba fotografiando o filmando lo ocurrido.
La secuencia hace difícil reducir ahora el caso a una simple querella vecinal. Que fuera detenida por un grupo de policías con personal de Búsqueda y Captura y oficiales de alto rango, después de semanas de denuncias públicas contra autoridades locales, demuestra la magnitud que le han concedido al caso. Además, la referencia a una funcionaria vinculada a las FAR, las amenazas previas y la rapidez con que una supuesta acusación por “difamación” terminó en arresto alimentan la certeza de que un conflicto presentado como vecinal está sirviendo para encubrir una represalia de naturaleza política.
Companioni no había encabezado una protesta organizada ni formulado una convocatoria opositora. Había reclamado algo más elemental: agua para su casa mientras una niña de su familia estaba gravemente enferma. Y a pesar de confesar sus miedos, había advertido que no pensaba callarse.
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